Caminatas nocturnas

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En la quietud de la noche la casa tiene vida propia. Pequeños pasitos van avanzando por el pasillo hasta llegar a la habitación de los papas. Como duendecitos escurridizos, los pequeños se meten entre las sábanas y las colchas de la cama. Es un paseo efímero, que concluye en un nudo de pies, brazos y mucho amor. Así, amontonados, los encuentra la mañana, papas y nenes compartiendo sueños y combatiendo pesadillas.

Debo confesar que hace un  año atrás me sentía orgullosa de que mis hijos durmiesen toda la noche en sus camas. Era la mamá ejemplo, igualita a esas madres que salen en los libros de autoayuda contando lo bien que duermen sus hijos: baño, cena, cuento, canción de buenas noches, un besito y hasta la mañana siguiente. Solo en momentos críticos llevaba a los pequeños a mi cama; los primeros días con fiebre alta o cuando tenían mucha tos, pero yo pasaba tan mala noche que ni bien mostraban síntomas de mejoría… de nuevo los enviaba a sus camitas.

Cuando alguien me contaba que durante la noche sus hijos se pasaban a su cama, uff, un tanto horrorizada le largaba mi sermón de mamá ejemplo. Claro, para mi era terriblemente incómodo dormir con los pequeños: patada por aquí, bracito por allá. Además en aquel entonces tenía incorporado en mi cabeza el chip de: «es malo para la pareja, se pierde intimidad«, «es peligroso para los nenes, los podes aplastar o asfixiar«, «si los niños se acostumbran, no los sacas más«. Pero todo cambio.

Desde que nos mudamos las noches en mi casa dejaron de ser estáticas para transformarse en dinámicas. A diario, mi hija se despierta y comienza su caminata silenciosa hasta mi habitación, se mete en el medio de mi cama (justo entre mi esposo y yo), me abraza y al instante se queda dormida. Cuando su bracito envuelve mi cuello, la noche se vuelve más dulce. El ruidito de su respiración resopla en mi oído como una hermosa melodía y así me quedo dormida yo también. Claro que la opción de mamá ejemplo sería tomarla en brazos y llevarla hasta su cama, pero me gusta tenerla así, cerquita mio. También mi hijo se pasa a mi cama, pero no tan frecuentemente y esos días amanecemos todos tipo tetris.

No siempre resulta cómodo, ni logramos dormir tan bien como cuando estamos cada uno en su cama, pero los nenes están felices, con mi esposo no hemos perdido intimidad y lo más importante, de momento no hemos aplastado a ninguno de nuestros hijos.

Y en tu casa, ¿cómo transcurren las noches? Dejanos tu comentario, tu experiencia nos interesa.

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