Despistada

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Siempre fui muy despistada, creo que es algo que herede de mi papá (¡si es que se puede heredar el despiste!). Soy la típica persona que se puede pasar una hora buscando los anteojos (gafas), para después darse cuenta que los llevaba puestos estilo vincha.

He perdido cosas muchas más veces de las que las he encontrado: llaves, documentos, papeles, paraguas, billeteras, lápices, ropa, celulares, pasaporte, título universitario, etc.

Anécdotas de una mujer despistada

Tengo varias historias de despistes en aeropuerto, como aquella vez que me iba a vivir a España para hacer mi tesis. En esa oportunidad viajaba con mi hermana. Ya estábamos las dos en el la zona de embarque cuando decidimos ir al baño antes de subirnos al avión para después estar más relajadas. Antes de empezar a llamar a los pasajeros para abordar el avión, la azafata me llama por el altoparlante para que me acerque al mostrador. Yo voy toda contenta, pensando que había habido una sobre-venta de pasajes y que me iban a pasar a primera. No, nada más lejano a la realidad. La azafata muy amable me pregunta:¿esto es suyo?. ¡Era mi pasaporte con el ticket de embarque adentro!, me lo había dejado en el servicio y yo ni enterada.

Así mil historias, muchas con final feliz como ésta y otras no tan felices. Pero bueno, después de tantos años, el despiste y yo logramos llevarnos bien.

Siendo una madre despistada

El primer problema entre el despiste y yo surgió cuando quedé embarazada de mi hijo. En mi cabeza no paraban de amontonarse dudas e interrogantes: ¿Cómo iba a poder sobrevivir el bebé a mis despistes?, ¿ y si me olvidaba de algo fundamental para su supervivencia?, ¿qué tipo de madre iba a ser?, ¿qué ejemplo le iba a dar?… Claro que una vez que nació, todos estos interrogantes absurdos se esfumaron y me empecé a preocupar, como toda madre, por temas más importantes como cólicos, lactancia, papillas, sueño, pañales, chupetes, etc, etc y muchos más etc.

Los años pasaron y el despiste, mis hijos y yo logramos manejarnos bastante bien. Mis pequeños muchas veces son de gran ayuda y buscan conmigo mis anteojos (o la cartera o el celular), en esos momentos de caos en los cuales no se donde dejé las cosas y tenemos que salir de casa urgente. En cierta forma ellos viven mi despiste como un juego, la aventura del tesoro escondido que mami dejó perdido por algún rincón inimaginable de la casa, mientras que yo estoy desesperada porque llegamos tarde.

Aunque pueda parecer lo contrario, no estoy orgullosa de ser un despiste, es más, no se lo deseo ni a mi peor enemigo. Lo que pasa es que aprendí a reírme de mi misma e intento mejorar con un poco de organización (cosa complicada porque también soy bastante desordenada): llego a casa y dejo la llaves siempre en la mesita de entrada, me saco los anteojos y los dejo siempre en la mesada del baño, aunque el siempre no es tan siempre y ahí comienzan los problemas.

¿Por qué les cuento todo esto? Porque quizás alguna tenga algún tips, consejito o recurso que yo pueda implementar para controlar mi despiste, ya que últimamente nos estamos desencontrando:

El jueves pasado quedé con una amiga a las 16:30 en el la puerta del cine para llevar a nuestros hijos a ver MINIONES.

Como íbamos a regresar tarde y no quería que se me atrase la cena de los nenes, antes de salir para el cine empecé a preparar la cena para dejar todo más o menos listo. Tocaba tarta de brócoli y atún. Rehogue las cebollas, y puse el brócoli a hervir en una cacerola, pensando…”antes de irme le apago el fuego“.

Como siempre, antes de salir corriendo de un lado para otro con los nenes, que estas zapatillas no me gustan, que no hice pis, que si puedo llevar un juguete (¡si, llevar un juguete al cine!). Salimos de casa a las 16:00 y fuimos caminando ya que por 3 minutos perdimos el autobus (¡esto es Alemania!).

Llegamos, me encontré con mi amiga,  sacamos las entradas, compramos pochoclos (palomitas o cabritos), pasamos por el baño y entramos en la sala. Había bastante gente. A las 17:00 se apaga la luz y comienzan los avances de las películas que están por venir. Veinte minutos de avances. Cuando por fin empieza la presentación de la peli Miniones, en mi cabeza me invade una sensación, NO APAGUE EL FUEGO DE LA COCINA.

Agarré el bolso y le dije a mi amiga: “te dejo los nenes, no apague la cocina“, y me fui, corriendo como una loca por el hall central del cine. En eso miro el reloj, las 17:26, el autobus sale 17:29. Así que corriendo para tomármelo, por suerte esto es Alemania y el bus partió a la hora indicada.

Los diez minutos que duró el viaje estuve planteándome la pregunta, ¿APAGUÉ EL FUEGO? y me imaginaba a mi vecina, al dueño del departamento, a la policia y a los bomberos todos adentro de la cocina, preguntándose que le paso a esta mujer. Me veía entrando por la puerta de casa (obviamente tirada abajo por los bomberos para apagar el fuego) y tratando de explicar en alemán lo que había ocurrido, sin que me pudieran entender, y terminar mi día presa en la comisaria.

bomberosBaje del autobus y empecé a correr. Fui aminorando la marcha a medida que no veía el humo, ni a la autobomba de los bomberos. La puerta de entrada estaba intacta, y la cocina APAGADA.

Debo confesar que me sentí bastante tonta en aquel momento, tonta pero aliviada por no terminar presa. Como esto es Alemania, ya había perdido el autobus para volver al cine, así que no tuve más remedio que caminar otra vez.

Conclusión, me perdí los primeros treinta minutos de la película, que comparado con una cocina incendiada, no es nada.

Para terminar les puedo decir que una mamá despistada al fin de cuentas es básicamente una mamá común y corriente con un poco más de limitaciones.

Tips, consejitos, recurso… todo se agradece, deja tu comentario.

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