¿Es de mamá?

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A veces me pregunto, ¿cómo llegue a este punto? ¿cómo mis objetos privados y mi espacio personal pasaron a ser de dominio público?. Y no es sólo porque para mis hijos yo estoy disponibles las 24 horas del día, sin feriados ni vacaciones, es que además no me queda nada propio.

Si ese hermoso collar que tanto amo, ese que compré en las últimas vacaciones junto a mis amigas en una playita perdida de Brasil, le gustó a mi pequeña, ya puedo olvidarme del collar. Si el bolígrafo que tiene mi nombre grabado, ese que me regaló mi abuela cuando terminé la universidad, lo quiere mi hijo para aprender a escribir, ya puedo olvidarme del bolígrafo.

Todo lo prohibido es codiciado,

todo lo que esté a su alcance es fuente de inspiración para alguna travesura o algún juego.

Aprendiendo a compartir

Con algo de vergüenza debo confesar que en el primer instante que veo a uno de mis hijos con algo mio me enojo y hasta trato de marcar territorio con un rotundo: ¡esto no se toca, es de mamá!. Pero, si yo no quiero que mis hijos sean personas egoístas, ¿porqué yo me comporto de manera egoísta con ellos?. No sería acaso esta una buena oportunidad para enseñarles que si un objeto tiene un significado importante para otra persona ellos deben tratarlo con cuidado y respeto, que es bueno compartir y que no pasa nada si a veces sedemos por la felicidad  del otro. Claro que a veces es difícil ser altruista,  y más cuando un objeto esta repleto de carga emocional, pero ser madres es una buena oportunidad para simplificar nuestra vida material, para aprender a desprendernos de aquellas cosas que aún queriéndolas, nuestros hijos las desean más.

Sin pasarme a un extremo minimalista, si para mi es importante transmitirle a mis hijos que lo material es solo eso, algo que tiene un cierto valor y que hay que cuidar, pero que es solo material; que lo importante es lo que nosotros hacemos y somos como personas;  y que compartir es disfrutar la felicidad del otro. Entonces, es ahí cuando replanteo mi comportamiento previo, borro el límite territorial que le impuse a mis pertenencias y disfruto junto a mis hijos de lo mio.

Al fin y al cabo ser madre es un constante proceso de aprendizaje a ser mejor persona.

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Ahora te toca a vos, ¿cómo haces para tener tu espacio en tu casa y que tus hijos te lo respeten? Compartí tu experiencia con nosotros.

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