La carrera del saber

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Algo típico que hacemos las mamás cuando estamos reunidas con otras mamas es hablar de los logros de nuestros hijos. Claro que a simple vista parece una competencia por quién tiene el hijo que lo hizo antes: gateó, caminó, habló, dejó el pañal, contó, leyó, y un millón de etc más. La mayoría de las mamas no vivimos esas charlas como una competencia, sino más bien como una forma de compartir el orgullo que sentimos por nuestros hijos. Orgullo de haberlos visto superar las dificultades y traspiés de cada etapa. Orgullo por sus triunfos, aunque para otros parezcan insignificantes. Además,  hablar de los logros de nuestros pequeños nos da la tranquilidad de saber que están creciendo bien, que se van desarrollando correctamente, en los tiempos estipulados. Pero, ¿esto es realmente así?, ¿qué pasa cuando un nene no sigue estos parámetros?, ¿cómo se siente la mamá que tiene un hijo que todavía no gateó, todavía no habló o todavía no aprendió a leer?. Comparar a nuestros hijos con otros niños incluso nos puede llevar a forzar su desarrollo. Así, los obligarlos a realizar ciertas actividades para que aprendan… en nombre de su propio bien.

¿Cómo, tu hijo todavía no sabe contar hasta 100?. Eso el mio lo aprendió el año pasado“- Nos dice una mamá en la puerta del jardín y ahí mismo se nos derrumba nuestro mundo. De camino a casa buscamos información en la web sobre ¿cómo enseñarle los números a los niños?. Pasamos por la puerta de una juguetería y compramos un ábaco junto con no se cuantos juegos didácticos más para aprender a contar. Al llegar a casa, comenzamos con un entrenamiento intensivo y; así logramos que en una semana el pequeño sepa contar hasta cien (para que mamá este feliz y ponga esa cara de orgullo que tanto le gusta a él) pero que odie los números.

A medida que los niños van creciendo esta carrera por el saber se intensifica. Muchas veces, y sin ser conscientes, le otorgamos más importancia a la acumulación de datos y cifras descuidando otros aspectos más importantes para los niños, como lo son el sentirse queridos, extrañados o valorados. ¿De qué le sirve a un pequeño de cinco años saber el nombre de cincuenta países con sus capitales, si no sabe cuanto lo ha extrañado su mamá cuando estaba trabajando?

Claro que no hay que confundir las cosas, como padres es fundamental estimular y alentar a nuestros pequeños, pero siempre respetando sus tiempos y sus preferencias. Ellos solitos van a superar los distintos desafíos que les implica crecer, pero van a hacerlo mucho más felices y de una manera mucho más sana cuando sea por motivos propios y no para complacer a mamá o papá.

Para finalizar con este post les dejamos una lista maravillosa sobre lo que debe saber un niño de cuatro años, basado en un artículo de Alicie Bayer, “What should a 4 year old know?” (http://www.magicalchildhood.com/articles/4yo.htm).

 

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Ahora es tu turno, ¿sientes que tu hijo está corriendo una carrera por ser el mejor?, ¿respestas sus tiempos o lo presionas para llegar primero? Dejanos tu comentario.

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